Erase una vez un chaval que deambulaba por el barrio y su madre la mandó a hacer la compra. Cogió la bolsa de malla y metió dentro las dos botellas de cristal y la cesta.
Se dirigió a la tienda y esperó la cola después de preguntar "quien va último". A la gente mayor les hacía gracia que un chico joven pidiese la vez, tan seriecito, tan respetuoso.
Cuando le tocó el turno, pidió al comerciante medio litro de aceite, una gaseosa, media docena de huevos, un cuarto de kilo de alubias y unas madalenas. Y dicho esto puso el contenido de la bolsa sobre el mostrador.
El tendero manejó el manubrio del émbolo extrayendo aceite del depósito y después invirtiendo el sentido llenó la botella hasta la mitad. Exactamente medio litro.
Luego se llevó la otra botella de cristal y la metió en una caja de madera de la que sacó una de gaseosa llena.
Más tarde metió en el cesto de huevos la media docena, en una bolsa de papel las alubias, pesándolas en la balanza y en otra bolsa de papel las madalenas sin mas envoltorio que el papel de estraza.
En un trozo de papel hizo la cuenta y el chico le pagó con el dinero que su madre le había dado.
Cuando este chico llegue a casa y hayan consumido todo lo que llevó, los únicos restos serán dos bolsas de papel que seguramente la madre usará para tirar la basura o para guardar otra cosa.
De repente un día cuando fue a hacer la misma compra el tendero le dijo, " no niño, no hace falta que traigas bolsa, ni botellas, ni huevera, yo te doy todo", y acto seguido empezó a servirle una botella aceite de cristal no retornable, una gaseosa en botella de plástico, unos huevos metidos en una huevera de cartón, una bolsa de plástico con medio kilo de alubias y para terminar una bolsa de plástico con madalenas, que a su vez estaban envueltas en bolsitas individuales de plástico. Todo ello se lo metió en varias bolsas de plástico y le hizo la nota en una larga tira de papel.
Cuando llegó a casa entregó todo y esta ver los residuos llenaban la bolsa de la basura.
... ¿Y la culpa es de la madre o del niño ?...
Pues no, la culpa es de las instituciones, y de la industria.
No nos dejemos comer el coco.
Un saludo
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viernes, 10 de octubre de 2008
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