Pues no hay que ser un sabio para pensar que 20 millones de puestos de trabajo se han ido a China y Asia en general.
La forma de volver a disponer de esos 20 millones de puestos de trabajo es incrementar con altísimos aranceles las importaciones hacia Europa.
Parece una locura que los empresarios mandasen sus producciones a China pensando en el beneficio inmediato, y no viendo que todos esos puestos que eliminaban de aquí eran posibles clientes que tachaban de su lista o de la de otros empresarios.
Pero funcionó bien hasta que todo el mundo hizo lo mismo. Y entonces se produjo la debacle.
Ya no quedan casi clientes porque están en el paro, los que quedan están amedrentados y las ventas también se resienten de eso.
Además el gigante asiático ha sabido jugar con las empresas y todo el que lleva allí su producción es ahora consciente de que en muy poco tiempo tendrá copias perfectas de sus productos vendiéndose al lado de las suyas a mitad de precio.
No parece que el código de honor y de conducta que rige en occidente y en Japón funcione igual en China.
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miércoles, 1 de febrero de 2012
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