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miércoles, 1 de febrero de 2012

El plan E de estupidez mayúscula

El famoso plan E del sr. Zapatero, trajo innumerables obras por todo el país.
La idea no era mala, pero la ejecución fue pésima como casi todo hoy en día.
Creo que la idea era mantener unos niveles de ocupación en obras públicas, supongo que con la coletilla de "para trabajadores en España".
Pero la realidad fue que los ayuntamientos acostumbrados a tener que quemar los últimos cartuchos de dinero al final del periodo (porque si devuelven lo que les sobra estaría mal visto y los siguientes presupuestos podrían verse decrementados en lo que devuelven), se inventaron obras tan extrañas e innecesarias que da hasta vergüenza.
Luego la burrocracia hizo que la tramitación y el letrero de las obras fuese más caro que la subvención al mismo proyecto. Es decir vender la moto para comprar gasolina.
Pero aún había algo peor que contradecía el mismo espíritu del plan.
Gran parte de las empresas echaron a los trabajadores españoles y contrataron extranjeros.
Si estuviesen empadronados no pasaría nada, pero si la gente que trabaja viene de fuera, no se empadrona, no vive aquí, pero esquirola el trabajo a los que si viven aquí, entonces algo no va bien.
Todo esto se podría haber evitado con un buen control a las empresas que realizaron los trabajos.
Si se las hubiese controlado se podría haber influido incluso en que en vez de usar una máquina y dos obreros, usasen 5 obreros para el mismo trabajo. Lo que interesaba era dar trabajo...¿o no? ¿o lo que interesaba era dar beneficio a los empresarios de obras públicas y darse publicidad por toda España?

Como volver a disponer de trabajo en Europa...

Pues no hay que ser un sabio para pensar que 20 millones de puestos de trabajo se han ido a China y Asia en general.
La forma de volver a disponer de esos 20 millones de puestos de trabajo es incrementar con altísimos aranceles las importaciones hacia Europa.
Parece una locura que los empresarios mandasen sus producciones a China pensando en el beneficio inmediato, y no viendo que todos esos puestos que eliminaban de aquí eran posibles clientes que tachaban de su lista o de la de otros empresarios.
Pero funcionó bien hasta que todo el mundo hizo lo mismo. Y entonces se produjo la debacle.
Ya no quedan casi clientes porque están en el paro, los que quedan están amedrentados y las ventas también se resienten de eso.
Además el gigante asiático ha sabido jugar con las empresas y todo el que lleva allí su producción es ahora consciente de que en muy poco tiempo tendrá copias perfectas de sus productos vendiéndose al lado de las suyas a mitad de precio.
No parece que el código de honor y de conducta que rige en occidente y en Japón funcione igual en China.